Garífunas de Cayos Cochinos y la zozobra en que viven por la presencia militar

El 23 de marzo pasado, hubo mucho movimiento en Chachahuate.

Garífunas de Cayos Cochinos: En los últimos días se han intensificado las tácticas intimidatorias por parte del Ejército contra los pobladores reviviendo los crueles momentos de a principios de los noventas.

Tegucigalpa, Honduras 8 de mayo de 2019.- Al otro lado del teléfono está “Julia” -nombre ficticio- desde Chachahuate “capital” de los Cayos Cochinos, justo donde hace un mes hubo un inusual y desproporcionado movimiento militar contra los garífunas de Cayos Cochinos, humildes pobladores que viven de la pesca y de vender comida a los turistas.

Mucho antes que Cayos Cochinos fuera el objetivo número uno de la codicia de un selecto grupo de personalidades hondureñas encabezados por el ex presidente Rafael Leonardo Callejas, los garífunas de Corozal, Sambo Creek, Nueva Armenia y Río Esteban, faenaban ahí en paz y en armonía con la naturaleza.

Garífunas de Cayos Cochinos

En los recuerdos quedan los cayucos impulsados por la fuerza del viento y las gigantescas velas. Aquellos hombres-maquinas movían esas embarcaciones a puro pulmón desde las comunidades. Así transcurrieron varias generaciones, con los Cayos Cochinos en sus corazones.

Uno de mis abuelos, Florencio Amaya Castro, tan entronizado tenía los Cayos Cochinos, que siendo viejo se negaba a desistir de pescar alrededor. En uno de sus últimos viajes, se desorientó y en vez de remar rumbo a Corozal lo hizo hacia Castilla. Esta anécdota demuestra el significado de Cayos Cochinos para el abuelo Florencio al igual que para miles de pescadores.

Corozal, Sambo Creek, Nueva Armenia y Río Esteban

Efectivamente, Corozal, Sambo Creek, Nueva Armenia y Río Esteban tenían su anexo en los Cayos Cochinos. Un día a principios de los 90s, a Rafael Leonardo Callejas se le metió que era hora de apropiarse de los cayos y, desde luego, los garífunas no estaban en sus planes. Es la lección más práctica de exclusión habida en Honduras. Callejas y compañía desarrollarían el proyecto sin contar con los principales dueños.

Callejas, entonces recibió asesoría en México. Le dieron la idea de que debía declarar los Cayos Cochinos como parque natural, área protegida o cualquier artificio legal de esos preexistentes, así podría sacar a los garífunas. El mismo modelo usaron después para Cuero y Salado de donde los garífunas de Triunfo de la Cruz y comunidades circunvecinas sacaban sus alimentos.

El acuerdo presidencial 1928/93 convierte a los Cayos Cochinos en “Área Natural Protegida”. Eso conlleva una serie de prohibiciones que, insisto, lo que buscaban era desplazar a los garífunas. Por aquellos años lo que se rumoraba era que Cayos Cochinos sería el paraíso del jet-set hondureño.

 

El papel histórico de la OFRANEH

Y Callejas cumplió, pero a medias. La Organización Fraternal Negra de Honduras OFRANEH-Garífuna, junto a los pobladores, especialmente los de Nueva Armenia, desarrollaron una intensa campaña hasta asegurar que los garífunas no salieran de sus posesiones ancestrales, por eso existe Chachahuate, Stend y Bolaños. Hoy en día, tres aldeas garífunas. Chachahuate, la mayor de ellas.

Recordando la lucha a inicios de los noventas, fueron días de represión, muertos, hombres mordidos por perros, lanchas hundidas, robo de producto a los pescadores, intimidación y acoso brutal. Pasados más de tres décadas, la situación no es diferente, el acoso se mantiene. Y la presencia militar no está para ayudar y proteger a los locales, sino que todo lo contrario.

Ante la actitud cómplice de los entes nacionales la OFRANEH-Garífuna se vio obligada a llevar el caso de los Cayos Cochinos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo que insidió también para que los garífunas NO fueran desalojados de Chachahuate, Stend y Bolaños.

Garífunas de Cayos Cochinos: Protegerlos, apoyarlos y no desplazarlos

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas, ONU destaca el papel clave que desempeñan estas poblaciones en la conservación del planeta. Está demostrado que los sitios que habitan, las poblaciones como los garífunas, se degradan más lentamente. El conservacionismo lo tienen implícito por lo que es necesario protegerlos y apoyarlos, NO desplazarlos.

A todo esto, existe una Fundación Cayos Cochinos, pero su papel está en entredicho. En primer lugar durante años se han servido para que los realities shows de los españoles e italianos se desarrollen en los cayos, pero no tienen la misma cordialidad con los garífunas de Cayos Cochinos. También cobran 12 dólares por turista nacional que visita la zona y 23 dólares por extranjero.

También en el pasado, vigilantes de la Fundación Cayos Cochinos cometieron graves atropellos contra pescadores locales tal cual consta en el informe 93/13 de la CIDH sobre la petición 1063-07 de la admisibilidad de la denuncia denominada Jesús Flores Satuyé y otros.

Mientras tanto, el nivel de crispación es tal que cuando intentamos conocer la reacción del Presidente de Chachahuate, su respuesta NO fue amigable. Le pregunté cuantas casas y habitantes había y en tono seco exclamó “así no más por teléfono NO damos datos. Tiene que venir aquí porque somos una junta ok buenos días” y se escuchó el tono de corte de llamada. Ni siquiera tuvimos oportunidad de conocer su nombre.

Chachahuate vive momentos cruciales. La lucha sigue y esa labor de protección es extremadamente difícil. Una de las claves será mantener unida a la comunidad, frente a tácticas rivales. Los de tierra firme y todo hondureño civilizado debe oponerse a cualquier atisbo de desplazamiento de estas poblaciones.

 

Y entonces, ¿cuantas casas y habitantes hay en Chachahuate?

Aproximadamente 50 casas, mientras tanto es probable que los afortunados residentes de Chachahuate no alcancen los 200. La extensión del Cayo es menor que un campo de fútbol y en él se ha conformado toda una dinámica social y económica alrededor del turismo. Y lo inevitable: han nacido muchos niños, nuevos defensores de los Cayos.

La comunidad necesita ayuda y la razón está de su parte. “Vivimos en una zozobra aquí, muy preocupados, quisiéramos vivir en paz, ya no dejan utilizar los chinchorros, nos pasan vigilando”, dijo la entrevistada. “Nosotros hemos vivido aquí, de aquí comemos, necesitamos la pesca, no hemos tenido ningún problema”, asegura.

El Estado y el gobierno, también la sociedad hondureña debe darse cuenta que el modelo desplazador no es bueno para nadie. Una nueva perspectiva es posible bajo el paradigma de la inclusión. Poniendo al ser humano al centro. Las poblaciones étnicas NO destruyen la naturaleza porque su cosmovisión es de respeto y ser parte de esa naturaleza, por tanto no se pueden destruir a sí mismas.

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