Testimonio Navidad garífuna: “Me acuerdo cuando yo pastoreaba»

Pastorelas adultas en Guadalupe, Colón. Foto de Haida Ávila.

«Para mi pastorear es una de las experiencias más hermosas de mi vida. Aunque en diciembre llovía mucho y mi pueblo, Nueva Armenia, se inunda, eso lo complicaba todo»: Sayra González.

Tegucigalpa, Honduras 25 de diciembre de 2017.-  La Navidad garífuna, es una época muy festiva, llena de emociones. Se desarrollan una serie de actividades y hoy en kennycastillo.com, nos referimos a una de ellas: las pastorelas, una actividad de carácter festivo cristiano católico relacionado con el nacimiento del niño Dios. Es una muestra también del sincretismo religioso que hay en nuestra comunidad.

Las pastorelas son mujeres que se forman para entonar coritos en veneración al niño Dios.  La parte instrumental está puesta por el sonar de altos bastos de madera que se golpean rítmicamente en el piso. Esos palos llevan coloridas crestas, además de eso las jovencitas llevan en sus manos unas maracas.

Por: Sayra González Martínez

Para mi pastorear es una de las experiencias más hermosas de mi vida. Mi pueblo se inunda, Nueva Armenia, generalmente en diciembre, por tantas lluvias. Siempre quise ser la estrella o la luna pero como éramos pobres nunca me dejaron. Esos puestos siempre eran para las hijas de los ricos.

Pero si me encantaba pastorear. Yo tenía que conformarme con andar mi bastón y mi chinchín-. Mi abuelo me hacía mis bastones todos los años. Llegué a graduarme de la universidad y en la casa todavía existían mis bastones. Una época muy bonita de mi infancia.

Lo malo era que el 24 a las doce de la noche se pastoreaba en la iglesia pero mi mamá nunca me dejaba ir a esa hora. Tenía permiso de pastorear todo el día de ser posible de casa en casa menos en la noche. Eso me enojaba. Pero donde manda capitán no manda marinero.

Ver Video de Pastorelas de San Antonio en Bronx Nueva York

Mi problema era cuando nos encontrábamos con los indios barbaros. Porque cuando íbamos de casa en casa. En alguna casa nos topábamos con los mentados indios barbaros y les tenía pavor. Sentía que me moría. Los indios bárbaros eran unos señores del pueblo.

Ah, la otra cosa buena era que las jefas eran muchachas muy honestas, muy buenas. Nos cuidaban mucho.  Ahora eso ha cambiado, al menos en mi pueblo. Ahora a la juventud le da pena pastorear. Las jefas andan con sus maridos irrespetando a los niños. Antes las jefas nos iban a dejar a nuestras casas.

Ahora las niñas se van solas para sus casas porque no ha terminado la pastoreada y las jefas ya se fueron con sus maridos o novios. Recuerdo las jefas cuando yo pastoreaba eran Evelyn Figueroa, ahora es maestra de educación,  Licenciada en ciencias y lenguas. Estaba también Elvia Arzú. Después de esa época la Navidad para mí no tiene sentido.

Sayra González Martínez es abogada, vivió en los Cayos Cochinos, para ir a la escuela debía desplazarse en cayuco pues la escuela quedaba en otro cayo. “Muchas veces nos dimos vuelta. He sido sobreviviente. Dios nunca me ha dejado”.

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search