Niños soldados en el Congo: disparar a matar a los 12 años

Terrible realidad en África: Los niños soldados

El de los niños soldados  sigue siendo una problemática social en el que aún falta mucho por hacer en África. No te gustaría ver a tu hijo en una situación igual.

Tegucigalpa, Honduras 14 de enero de 2017.- «No hay futuro luchando en la selva», según Jet’aime Kambale Pamoja. Nació hace 23 años en Kisharo, unos 100 kilómetros al norte de Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte, en la República Democrática del CONGO (RDC). Apenas tenía 12 primaveras cuando se unió a un grupo armado de autodefensas, con el que luchó durante dos largos y penosos años en las cercanías del parque nacional Virunga, un área de 800.000 hectáreas situado en la triple frontera con Ruanda y Uganda.

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Aún adolescente, Jet’aime se alistó voluntariamente para integrar a los Maï-Maï, un grupo hoy estimado de entre 20.000 y 30.000 soldados que lucha contra grupos que considera extranjeros como el FDLR y el M23 en las provincias de Kivu del Norte y del Sur. Por aquel entonces, no iba a la escuela y acogió al llamado de los líderes comunitarios. «Era muy pobre, no tenía nada. Por eso, decidí unirme a las milicias», recuerda. Hoy vive en la pequeña ciudad de Kiwanja, en el interior de Kivu del Norte.

Jet’aime Kambale Pamoja, huyó de las milicias, se asentó en la ciudad y aprendió carpintería.

No hay datos precisos acerca de los niños que han sido reclutados en conflictos armados en la República Democrática del Congo y usados para trabajar para los líderes armados como escoltas, cocineros, guardias, esclavos sexuales o combatientes. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF estima que decenas de miles de menores de 18 años son usados en conflictos en todo el mundo. En la última década, 65.000 fueron liberados y rescatados. De estos, más de 20.000 solo en la RDC. Estos datos, sin embargo, representan «solo una porción del problema, dada a las dificultades e inseguridad para acceder al terreno con vistas a obtener datos más fiables», explica Bonnie Berry, directora de la ONG Watchlist.

El riesgo del rearme

Pese a la aparente calma que se observa en Kiwanja y Rutshuru después de la derrota del M23, Buligho está preocupado. Solo en Kivu del Norte, operan 70 grupos armados, muchos de connotación étnico-tribal, como los Maï-Maï.

«Nos enfrentamos a un reto muy grande. Tenemos que desarrollar actividades de resiliencia comunitaria para que las familias no ofrezcan sus niños a los grupos. Intentamos sensibilizar a los responsables. Las comunidades tienen que ser parte de la solución».

Tomado de El País

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